Tragedia aérea reclama la vida de una leyenda jimeneña, Jason Samudio

    A los pasajeros nunca se les informó que el vuelo 1625 de Sansa del 27 de noviembre tenía escala en Quepos. Ellos pensaron que iban directamente a Puerto Jiménez. Algunos dormían, otros leían mientras el aeronave navegaba entre nubes y mal tiempo la ruta alterna de San José a Quepos, la que es menos usado por su mayor peligrosidad. De acuerdo a un sobreviviente, parecía que los nubes se oscurecían hasta convertirse en el verde del bosque. Era muy tarde ya, aparentemente, para que el piloto evitara la montaña. Aunque nadie en el mundo sabría hasta 20 horas mas tarde, perecieron trágicamente tres en el impacto. Mediante la tragedia, el milagro de cinco sobrevientes. En ese momento era solamente cuestión para los menos heridos de mantener vivo sin equipo de primeros auxilios al sobreviviente mas grave.

    Cada Jimeneño vivió de manera diferente la angustia desde el momento en que se reportó la desaparición de la avioneta, hasta la mañana siguiente donde las esperanzas afloraban al oír primero que tres personas estaban vivas y luego que eran cinco los sobrevivientes. Lo cierto es que todos estaban unidos pidiendo a Dios por los pasajeros y tripulación del vuelo.

    La unión de nuestro pueblo se dejó ver cuando noticias llegaron por televisión en la pura tarde de que no se habían iniciado patrullas de búsqueda, debido según oficiales al mal tiempo esa tarde. Esa noche dos grupos de personas de Puerto Jiménez se trasladaron hasta Quepos por tierra y en la pura mañana otro grupo se desplazó por avioneta para hacer un recorrido de búsqueda aérea. El terreno empinado tenía puro bosque primario, y a pesar de que la avioneta se escuchó por los sobrevivientes, fue imposible ver señas de los restos del avión.

    Desde ese momento los minutos se hicieron eternos hasta las 9:00 a.m. cuando entró la noticia que los habían encontrado. Se hizo un tumulto de gente frente a la central de comunicaciones de la cruz roja y se lograba escuchar “tres vivos,” algo que llenó de mucha esperanza a todos los que estábamos en el lugar. El grupo jimeneño, que se preparaba buscar a pie, abandonó el plan y se quedó en el aeropuerto de Quepos apoyándose mutuamente mientras los acontecimientos se esclarecían de momento en momento. Pasaron quince minutos y llegó la noticia de que ya eran cinco los vivos, una milagrosa noticia que devolvió la esperanza a los oficiales del rescate y de los familiares presentes.

    Fue ahí donde todos se separaron, unos hacia San José y otros nos dirigimos hasta lo mas cerca posible del área del suceso. Una de las mas grandes y emotivas satisfacciones de los que llegamos hasta donde estaban rescatando a los sobrevivientes fue en el momento que pudimos ver la primer cara conocida, Silke Friedebold, quien estaba muy definitivamente viva y un poco conmocionada después de 26 horas de incertidumbre en la montaña y preocupación por el estado muy delicado de uno de los sobrevivientes.

    También al accidente sobrevivieron John Brandon y su esposa Maureen Brandy, quienes venían a un hotel de la zona, Michael Packard quien ya es residente en Puerto Jiménez, además el tico Alvaro Zúñiga quien realiza una auditoría para un hotel del pueblo. Trágicamente, en el suceso perdieron la vida los tripulantes Ricardo Salazar (piloto) y Carlos Lacayo (copiloto), y el empresario jimeneño Adolfo Preus.

    Estas muertes entristecieron a los habitantes de Puerto Jiménez pues todos ellos tenían amigos en el pueblo. La muerte que mas estremeció a los pobladores fue la de Don Adolfo Preus un hombre que siempre amó vivir en este lugar y que todos lo conocían. Las caras tristes no se ocultaron, y los que tenían a su alcance brindaron a la distancia el apoyo a su familia en momentos tan difíciles.

    Las investigaciones de este percance aéreo durarán al menos tres meses y son muchas las hipótesis que se manejan en torno al accidente, por su parte Sansa no se referirá al asunto hasta que se investigue el caso, por ahora la compañía mantiene que su enfoque es de brindar la ayuda necesaria a familiares de los fallecidos y a los sobrevivientes. Cabe destacar que el avion es de fabricación reciente y cuenta con radar, GPS, altímetro, todos los instrumentos necesarios para evitar chocar con una montaña.

    Comentó Taboga: “Aquí tenemos una falta. Este aeropuerto que tenemos tiene que tener un nombre. Y ese nombre debe de ser Aeropuerto Alberto Preus.”