Recuerdos de Osa, Macho Villalobos
De la bonanza; fui a traer a toda mi familia, todos mis hermanos que eran niños, por todos éramos 14. Yo era uno de los mayores.
Veníamos desde Quepos; al fin llegamos. Mi papa le compro la finca a don Victor Araya (vivo) por la suma de 2000 colones. Tenia una casa de dos pisos de Cristóbal; el piso era de tierra y además tenia 6 ha de banano y dos ha de cacao y por todo eran 125 ha.
En ese lugar era la cantina de Anita Polanco, donde se reunían los fines de semana todos los oreros, lo que es hoy la boca de Dos Brazos del Río Tigre. En esos días los mantos, el fondo de los ríos y quebradas estaban llenos de purrujas y pepitas. Donde se sacaban apenas 2 o 3 gramos, era muy poca ley en ese entonces para trabajar.
Pero nosotros no nos conformábamos con muy poco. Las historias de oreros iban y venían y nos contaban de muy buenos túneles. Pero el Salinas, un túnel que estaba ahogado, “si tiene oro” decían lo borrachitos. En esos días fue cuando bautizaron a Benigno Cavaría Puriscal Rico por lo mucho oro que sacaban. Sacaban latas de avena, pero llenos de oro, y todos los días. Eso era un bonanzón. Se peleó con uno de los socios, Don Elquin Murillo, y se fueron al guindo y llegaron hasta el fondo del río que son como 60 metros de altura una exageración y no les pasó nada mas que raspones y los ojos morados. Siempre que sacaban mucho oro, otros oreros todos los oreros llegaron a pedir cateos y tenían mucho guaro y chancho para comer. Eso seria como un turno, o una gran fiesta.
Pero la idea de nosotros era ver el túnel del Salinas, que nos afamaban tanto; era un túnel que habían empezado y estaba sepultado. Hice un carretillo de madera con una rueda también de la misma madera, pues en ese tiempo se usaban así. Dos palas, dos barras, canoa, y catiadora debajo del sobaco nos fuimos a ver el trabajo. Empezamos y botamos mas de 100 carretillados todos los días. Mi papá nos dijo “Somos tres socios, Luis Rojas usted y yo, y yo les doy la comida,” y al fin empezamos a ver el túnel. Limpiamos hasta el tope que tenia unos 18 metros de hondo y en el tope tenía una poza de 2 metros de hondo; empezamos sacando el material en latas mantequeras. Ocho cajuelas sacamos el primer día y salieron 2.3 grs.
“Tiene oro,” dijo mi padre, “dos gramos y tres palos no está malo.” A los ocho días la tarea eran 8 latas; las purrujas y pepitas se veían por todo el tope. Empezamos a sacar mas de cien gramos diarios, yo llegué a tener hasta cuatro vasitos de Zepol llenos de pepitas de oro. Ese túnel se hizo muy famoso. Tenía un concho en la pura roca; con mazo y puntas levantábamos los pedazos de concho. Parecía maní garapiñado, pero lleno de pepitas, y en medio del otro concho un material suave; un cateo de ese material no bajaba de cinco a ocho gramos de oro parejo. Y la covacha o sea el cielo del túnel tenía oro fino. Llegó el loco Alvarado, mandado por Don Adilio Villalobos, que decía Fernando Alvarado el vago que los Chanchos estaban en la grietosa.
En la próxima edición me voy de casería con ustedes, amables lectores de la Península de Osa.