¿Sería tan amable de indicarme donde está la biblioteca pública?, Belén Momeñe Artola, elremanso@racsa.co.cr

Cuando salgo de la montaña, donde toda la vida parece permanecer estática aunque realmente no sea así, y llego a Jiménez, no dejo de sorprenderme al ver la cantidad de cosas nuevas que están sucediendo: Por un lado veo un continuo movimiento de gentes que van y vienen, turistas que llenan los restaurantes y los comercios, carros y taxis por todas partes, incluso me he llegado a encontrar en medio de alguna presa o dando vueltas buscando un lugar dónde dejar tirado mi carro ¡Quien lo iba a decir no hace muchos años!

Veo también como los nuevos negocios aparecen por todas partes; tenemos ya dos salones de belleza unisex cuando hace bien poco tiempo no había ninguno, dos Cafés Internet siempre abarrotados de gente en continua comunicación con el mundo, una nueva zapatería, establecimientos de electrodomésticos, farmacia, varios restaurantes, cabinas por doquier, edificios de oficinas, apartamentos, un Regalón san josefino con su estrepitosa música y hasta el Banco Nacional, símbolo de poderío por excelencia, nos ha dejado boquiabiertos con la construcción de su enorme edificio en pleno centro de Jiménez.

¿Significa esto que estamos caminando hacia delante? Sin duda alguna y me atrevería a añadir además que al mismo tiempo que progresamos, La Península de Osa y Puerto Jiménez en particular, están en el punto de mira de muchos inversionistas que buscan lugares nuevos con gran potencial de negocio.

No hay duda de que esto es una satisfacción para casi todos y si bien el progreso podría tener su lado negativo (especialmente si no se realiza adecuadamente), no podemos dejar de asegurar que el dinamismo económico conlleva un nivel de vida superior y de mayor calidad para los miembros de la comunidad. Es además un claro indicador de crecimiento, así que manos a la

obra y vamos todos a intentar sacar el mejor rendimiento de esta nueva situación. ¡Ojo! Que no estoy animando al público a que nos convirtamos en la ciudad del abuso y del dinero fácil, eso sería el mayor desastre que nos pudiera suceder. No, simplemente digo que tengo la convicción de que debemos servirnos de esta oportunidad de mejorar que nos llega como la lluvia después de un largo y seco verano, teniendo en cuenta además que Puerto Jiménez sin duda ha sufrido por muchos años de intensas sequías. . .

Mientras escribo estas líneas permito a mi cabeza que se recree en el Jiménez de un futuro cercano, lo veo próspero en todos sus rincones y lleno de vida. Me siento a mi misma participe de esta comunidad que quiero y me imagino paseando por sus calles, saludando a los rostros de siempre así como a los de los vecinos más recientes mientras mis pies me llevan por los nuevos locales disfrutando de la modernidad en la que está inmersa la ciudad. En estas divagaciones estoy cuando me doy cuenta de que Jiménez continúa sin libros. ¿Dónde están los libros? Me pregunto, ¿Dónde la biblioteca pública?

De la misma manera que necesitamos alimentar el cuerpo, los libros son necesarios para alimentar la mente. Nos ayudan a discernir y a tener nuestro propio criterio ante la vida. Son fuente de conocimiento, opositor natural de la ignorancia, y son un gran recurso para la inspiración e iniciativa. Nos hacen pensar y crear nuevas perspectivas, nos abren la mente y al mismo tiempo amplían nuestra visión del mundo porque cuando uno lee, se da cuenta de que hay mil diferentes maneras de entender nuestro entorno, nuestra razón de ser y de que todas ellas son respetables El libro que me apasiona a mi no necesariamente tiene que apasionarte a ti, sin embargo, existe un libro para cada persona. Está ese libro que nos cambia la vida, y existe esa pasión por los libros que nos lleva a seguir aprendiendo, conociendo, y en última instancia a seguir mejorando. Veo claramente la necesidad de esa biblioteca y creo que es hora de trabajar para conseguirla lo antes posible. Por mucho progreso económico que tengamos y por muy alto que sea el grado de consumismo que alcancemos, si no tenemos acceso a los libros, podremos llenar nuestras vidas de televisores, lavadoras, peinados y ropas de última moda, pero puede ser que crezcamos como las coliflores.