Península de Osa, tierra de nadie

En realidad la Península de Osa es la tierra de nadie donde cualquiera puede hacer lo que le de la gana.

Como sabemos la Península de Osa es una gran extensión de territorio cubierto todavía en gran parte por frondosos y espectaculares bosques primarios únicos, que albergan una increíble variedad de especies de plantas y animales, siendo estos considerados mundialmente como de alta concentración de vida animal y vegetal y un importantísimo pulmón para el planeta.

Existen para la conservación de estas áreas, grandes instituciones gubernamentales e internacionales muy interesadas en controlar la estricta vigilancia y protección de estos valiosos bosques.

Sin embargo pareciera que los posibles escasos recursos económicos sean los causantes de que la conservación no se está dando como debiera ser y solo una mínima porción pareciera estar protegida.

Día a día estos territorios montañosos son saqueados y destruidos por cantidades de pobladores y foráneos que explotan la fauna, la flora y la minería ilegal, causándole daños irreparables y acelerados en la estabilidad y conservación del gran bosque.

Ya para muchos de los residentes de este rico territorio es normal ver caravanas de gigantescos camiones que repletos de madera destruyen a su paso puentes y caminos siendo su procedencia fincas que al parecer están reguladas por los ticofamosos planes de manejo que al final son planes de destrucción.

Es normal a estas alturas ver como se venden libremente camarones, peces y otras especies de los ríos que en su mayoría son capturados con venenos químicos, cal, y otros métodos destructivos que acaban con la poca vida acuática que queda en los esteros y ríos de la Península.

Es también normal ver por toda parte gran cantidad de perros de caza y ventas de municiones para casería en los alrededores y demasiado cerca de los limites de las supuestas áreas de conservación. Donde oreros artesanales, finqueros, foráneos y cazadores tradicionales de muchos lugares de la Zona Sur, cazan, pescan, comen y cambian todos los días las riquezas de los “bosques protegidos.”

Es también normal ver puestos de control para la conservación muy lejos de donde deberían estar; este es el caso del puesto de control el Tigre, que esta ridículamente ubicado muy lejos de los límites del parque y desde donde es imposible realizar el menor control. Los guarda parques tienen que caminar un gran trecho para trasladarse hacia el interior del parque, donde cazadores, oreros, narcos y otros actúan a diario ilegalmente en estos territorios, manteniendo constante vigilancia por si aparecieran las autoridades y dar aviso a los intrusos que de inmediato se ocultan en la selva, siendo imposible controlarlos, detenerlos, y mucho menos, desalojarlos del lugar.

Igual sucede con el puesto de control Los Patos, que aunque es un bello lugar está también muy lejos de donde podría ejercer algún control, pues no muy lejos de ahí en el sitio conocido como Cerro de Oro y dentro del parque se mueven a diaria gran cantidad de personas que explotan en todas las formas posibles las riquezas en supuesta conservación. En este lugar hay muchas personas trabajadoras y amables, pero desde hace algunos años se han multiplicado los ranchos de plástico negro que alojan oreros, cazadores, alcohólicos, drogadictos, asaltaturistas, y fugitivos que la policía local y regional nunca detienen. Es este lugar el número uno en destrucción y por donde sale a diario el oro del parque, objetos arqueológicos, pieles de animales y especimenes vivos, así como carne de monte de diversos animales que es vendida en Pérez Zeledón y San José.

Es también normal pasar por el puesto de control policial de Rincón de Osa entre las 6 pm y las 6 am y más y no ver ni un perro que ladre en frente de dicho puesto policial, por donde cualquiera pasa lo que le dé la gana, pues de conocimiento de toda la comunidad de la Península que a esas horas de la noche y todo los días, no existe nadie ahí y mucho menos alguien que pueda hacer un control eficiente. Así también muchos como yo no pueden entender como es que las instalaciones burocráticas centrales del parque de Corcovado en Puerto Jiménez, se encuentre tan lejos de la verdad y no dentro del parque donde se necesita urgentemente estar.

Es normal ver exageración de vehículos de instituciones de conservación y otros que recorren a diario gran cantidad de kilómetros para arriba y para abajo por las trochas de la Península en apariencia cuidando todo, en verdad parecen guarda bosques; pero en realidad son los guarda calles pues es ahí donde a diario se le ve.

Mientras tanto en la capital de la Península y otros poblados existen negocios donde compran y venden el oro extraído del parque y las reservas y tesoros arqueológicos se negocian y se lucen en cuellos y manos de turistas, pobladores, y extranjeros residentes. Plorifera además el comercio de orquídeas, plantas ornamentales, hojas de suita para techos y hasta nidos de macao, productos en su mayoría procedentes de las áreas de conservación. Así también la contaminación es en extremo creciente, en el campo algunos lavan maquinaria agrícola y enormes bombas de fumigar en medios de ríos y quebradas; los que transportan los residuos de las maquinas tales como aceites, grasas y agroquímicos hasta los esteros y el mar causando daños irreparables a la poca vida acuática que queda.

En los pequeños poblados y en especial Puerto Jiménez la contaminación tiene bien arraigadas sus garras. Los caños de desagüe dan asco, los orinales y servicios sanitarios de muchos establecimientos comerciales no reúnen las condiciones mínimas sanitarias, casi todos apestan.

En el botadero local de basura muchas personas depositan sus desechos en la entrada principal, los cuales nunca son removidos ni tratados como es obligatorio hacer y son visitados a diario por gran cantidad de cerdos, perros, gatos,

zopilotes e innumerable cantidad de animales silvestres que devoran los desechos que son depositados ahí.

Es completamente decepcionante para el turismo científico nacional y extranjero y para cualquiera que no esté dormido poder percibir los destrozos de que son objetos las áreas en mención; haciendo que la cruda realidad del área de conservación Osa sea solo un título imaginativo, pues se castiga al bosque día con día y los que deberían seria- y estrictamente vigilar por la conservación solamente aparentan escasamente por sus hechos, que está haciendo algo.Este gravísimo problema se origina por diversas causas y por las que se dan imperdonables fallas, protagonizadas por la falta de conciencia, la carencia o la deficiencia en los programas culturales en cuanto a la conservación, el hambre, la pobreza que origina las escasas fuentes de trabajo, el alto costo de la vida, el ridículo poder adquisitivo de la moneda, la actitud negativa, negligente, e irresponsable de funcionarios del estado en general, y principalmente por la gran cantidad de pobladores sin ninguna visión de la vida.

En otras palabras no tiene ningún futuro la conservación en Osa. Lastima.